martes, 25 de febrero de 2014

#Leer un #libro ... un ejercicio masificado en la era de #Internet, pero un oficio olvidado en la #Sociedad del #Conocimiento


En tiempos en que la cantidad de texto disponible y accesible gracias a internet nos supera, dos ensayistas, Virginia Wolf y Robert Rowland Smith, nos permiten recuperar la esencia de leer un libro, que bien ahora podría ser ... leer en internet. Aquí repaso algunos de sus pasajes acerca de cómo Leer un Libro. Acoto que las ideas, que además comento libremente a modo de ensayo frente a la lectura que hacemos en internet, las he tomado del ensayo de Virginia Wolf "Cómo hay que leer un libro" y del ensayo de Robert Rowland "Leer un libro". Es curioso que a pesar de que ambos ensayos fueron escritos con muchas décadas de diferencia, comparten el mismo espíritu de respeto y amor por la lectura. Espero esto anime a lectores y escritores tanto del mundo tradicional como del mundo digital.

Leer un libro - Robert Rowland Smith.

"Querido lector, cuando termines de leer esta frase habrás leído la primera frase de este capítulo, pero no por ello serás más sabio. Esta segunda frase apenas te ayudará, porque también trata sólo sobre sí misma. En cuanto a la tercera, bueno, sigue a la primera y a la segunda en su negativa a referirse a algo del mundo exterior." (p. 141).

Con este párrafo comienza Rowland su ensayo. Nos deja claro lo que implica leer literalmente sin afán, sin intención y sin proyección. Simplemente leer. Estas frases, especialmente la primera, es relevante para cualquier persona que escribe y debe preguntarse: ¿en qué momento debo "enganchar" al lector y "hacerlo más sabio"? Se escribe mucho que las primeras palabras son las esenciales, algunos dicen que los primeros 30 segundos de un discurso son clave, o más aún, que se debe ser preciso como un tuit. Y es cierto, la precisión de un escrito no se basa en grandes exploraciones ni navegaciones narrativas, sino en aquellas frases, cortas, precisas y claras que dejan un legado, que enganchan dejando un recuerdo. Pero el problema es ¿cuál legado? A veces hay frases que se recuerdan por su complejidad o carácter "rocambolesco" pero no aportan nada. O porque suenan "sesudas" o "científicas". Pero a veces son rebuscadas. Esopo con sus fábulas aportó más que muchos escritores por lo mismo, pero en tiempos actuales Esopo es más bien un olvidado, un "escritor" para niños, pero es cierto que aportó más frases que usamos a diario de las que podemos recordar. Rowland, nos invita a reflexionar sobre cómo debemos escoger las palabras y si así fuera, seguramente compraríamos menos libros pero leeríamos más libros.

"Cuando lees [...] libros te están mostrando un mundo propio; las personas a las que han dotado de existencia a partir de la nada, el paisaje que han generado, la atmósfera que han evocado y manipulado" (p. 152).

Rowland deja claro que escribir transmite algo más que intenciones y reflexiones de un autor, el cual por lo demás alguien interesado en plasmar un punto de vista a través de la pluma. En este sentido hay autores que "aburren" y otros tan atractivos que por cada línea que se lee, se siente la necesidad de leer más. Pero lo que a unos aburren a otros apasionan, aunque hay autores cuyo estilo aburre o simplemente atrae. Pero la imagen del autor a veces ya atrae aunque su texto sea aburrido. Pero no sigamos pensando en un texto aburrido, sino en un texto cuyo interés varía entre diversos intereses, pero que según Rowland hay algo más, y es la forma cómo lo tradicional se convierte en algo interesante o cómo lo especial se convierte en un hecho relevante que luego es interesante. No se trata de escribir novelas, sino de escribir de forma atractiva. Así los libros construyen un mundo propio que surge cuando el libro sale del autor y luego se construye y re-construye con cada lectura que de él se haga. Y ahí, es donde un libro no termina en la última página, terminan cuando no invita a nuevas re-lecturas.

Cómo leer un libro - Virginia Wolf. 

"Los libros tienen mucho en común; siempre están rebasando sus confines; siempre están produciendo nuevas especies de maridajes inesperados entre ellos". (p.140).

Wolf, como Rowland, o Rowland como Wolf, dejan claro que un libro así como no termina en su última página, tampoco se inicia cuando se abre la primera página.  Un libro nace ya en el lector unido al autor que puede o no conocer. Un libro no es algo estático, se colude, se solapa, se confunde, y se combina con otros sabores, con otros gustos de las personas y muchas veces con algo más, como su portada, la estantería, el momento de la lectura, y el sitio de la lectura, y, ahora, debemos añadir, si huele a libro o es algo digital. Y sobre esto último, el maridaje de los libros con las nuevas tecnologías ha producido nuevas fusiones, pero como las viejas recetas, no ha reemplazado el estilo de la cocina de casa, que en un libro es el gusto de "ver" el libro, permear dedos en sus hojas cada vez más agrietadas por el tiempo, oler ese olor a tiempo, y escuchar el paso de las hojas entre los dedos. Y en este maridaje físico o presencial, no podemos olvidar el libro antiguo, que aparece con anotaciones en los cuales podemos preguntarnos quién escribió o porqué lo escribí, cuál sería la historia del lector que ahora al libro le aporta una curiosidad al nuevo lector, y aparece una nueva historia junto al libro. En el mundo digital, los libros no aportan ese olor y lectura, pero permiten un maridaje distinto ... comentar un libro en una red, construir historias entre varios lectores, generar nuevos ramales de interpretación, y, por supuesto, hacer que libro evolucione de forma continua.

"Uno busca descanso, diversión, originalidad y algún estímulo para la propia capacidad creativa agotada" (p. 148).

Wolf insiste en que un libro evoluciona, es algo vivo, no sólo en los lectores, sino en el entorno que le rodea. Aquí nos dice que leer un libro es algo que debe ser atractivo, aunque esto incluya aquellos libros que debemos estudiar en el colegio. Y, acota Wolf, debe haber algo más. Aumentar nuestra creatividad. Esto puede resultar demasiado ambicioso, pero la verdad que es cierto. Leer no solamente debe distraer, al parecer debería aportar algo más. Debería aportar al menos una palabra más a la red neuronal del lector. Cada lectura aporta una historia que enriquece el discurso de explicaciones de una personas, pero además aporta al menos una palabra más para construir nuevas realidades. Esto no es creatividad en sentido neto, pero si es creatividad si el lector sabe crear nuevos discursos, o nuevos libros que se instancian de la unión del libro y del lector.


 

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Libros señalados en el post:

  • Rowland Smith, Robert. (2010). Desayuno con Sócrates. La filosofía del día a día. ESPASA.235 pp. 
  • Wolf, Virginia. (2013). Leer o no leer, y otros escritos. ABADA. 220 pp.
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