viernes, 12 de abril de 2019

#Innovación y transformación organizacional: 7 "must" clave para que funcione


7 "must" que se observan en organizaciones exitosas en su camino transformacional hacia la innovación. sostenible..

Ser una organización innovadora, requiere transformarse organizacionalmente. 

Quienes han dado el salto a la economía de la innovación, entendida como la economía donde la innovación es un activo empresarial, saben que sin un proceso estructurado de evolución organizacional, no les facilitará conseguir una identidad innovacional que les diferencie ante competencia, mercado y clientes. 


Cuando me refiero a organizaciones innovadoras o con identidad innovadora, no me refiero a las empresas tech, unicornios o digitales. Una empresa con identidad innovadora es aquella que posee la capacidad de repensarse para liderar la innovación, dominando mercados y conceptos a partir de sus capacidades de innovación. 

Estos son algunos "must" que se observa en organizaciones exitosas en este procesos. 


1. Identificar el tipo de innovación que se necesita y su estrategia. 


Cuando ésto lo he planteado a muchas organizaciones, todas dicen, "innovación disruptiva". Hace una década decían "radical" y mucho antes, ni una ni otra, sino "incremental". En cada época, hay un innovación de moda. Pero más allá de este hecho anecdótico, lo importante es tener una definición común y saber para qué se desea innovar, lo cual suele tener muchos propósitos, fines e intereses, y según la innovación se requieren diferentes tipos de enfoques, estrategias, recursos y acciones, formas de libertad organizacional, culturas, cambios estructurales, etc. ¿Sabes qué concepto y tipo de innovación y estrategia requiere cada empresa?


2. Innovar contando con las personas adecuadas. 


La innovación no es nada sin personas. Son el soporte, son el petróleo, son la gobernanza, etc., lo son todo. Por eso hay que saberlas escoger y saberles dar el espacio adecuado. No basta con darles horas de capacitación sin darles realmente una motivación y un entorno y estructuras laborales que facilite innovar. Tampoco basta con seguir midiendo la innovación por métodos tradicionales. Esto va más allá del viernes de la cerveza, 'ideatones', ecosistemas, el laboratorio de innovación, la prospección y vigilancia tecnológica, o la ideación continua. Se trata de cambiar efectivamente la forma de comprender el trabajo, lo cual incluye a directivos y todos los colaboradores. Por eso hay empresas que prefieren crear otras unidades fuera del espacio laboral para definir nuevos negocios, me refiero a crear otras empresas. ¿Se sabe con quienes se cuenta para innovar?

3. Saber identificar la mejor fuente de ideas. 

Siempre se ha dicho que la innovación requiere ideas, y por lo mismo hay que saber de dónde sacarlas y que sean de calidad desde la perspectiva de la innovación. La calidad innovacional de una idea, no se mide por la cantidad o su novedad, sino por su capacidad efectiva de llegar a producir beneficios basados en la innovación como medida económica de éxito, y de proveer un valor sostenible. ¿Sabemos cuál es nuestro mecanismo y fuente continua de ideas?


4. Identificar cuánta innovación hay que poseer. 


Esto suele sonar raro pero se trata de que la innovación sea el activo real del negocio. Se trata de que la empresa evalúe hasta cuando mantiene las innovaciones como parte de su core estratégico interno (patentes, secretos industriales, etc.), versus la oportunidad o momento en que la innovación se libera al mercado para promover entornos competitivos, colaborativos, potenciación de plataformas, etc. ¿Sabemos cuál es nuestro punto de equilibrio innovacional?


5. Comprender la narrativa de la innovación. 


Aquí lo importante es saber escuchar lo que se dice de lo que hace respecto de la innovación. En los líderes de innovación o a quienes se les asigna liderar la innovación o quienes tienen la misión de "ordenar" y desplegar la innovación responsabilizando a otros, se les debe escuchar respecto de los valores y creencias que transmiten. Las incoherencias en este sentido son claves pues marcan la distancia de lo que tardará la innovación en conseguirse. ¿Sabemos cuál es la narrativa de innovación de nuestras empresas?

6. Crear un proceso estructurado de innovación. 

Lo más evidente, pero no por ello lo más sencillo. La innovación debe formalizarse. La confusión con este tema es que se confunde formalizar con burocratizarla o hacerla excesivamente procesual. Lo importante es saber convertir ideas en negocios mediante mecanismos y entornos innovadores, y siempre comprendiendo y teniendo presente la antropología de quienes trabajan, la etnografía laboral (a veces etnometodología) y la cultura organizacional. ¿Sabemos crear las estructuras adecuadas de procesos innovacionales?


7. Saber gestionar nuevas formas y modos de trabajo. 


Este si es un "tema". Ahora hay que equilibrar entre ser un líder a nivel personal y un líder en el trabajo. En el primer caso se pide ser creativo, comprometido, ágil, flexible, comunicativo, inteligente emocionalmente y laboralmente, digital, transparente en manejar la información, tener capacidad de discrepancia constructiva y de construcción por desafíos, de experimentar rápido, pero ser paciente, de ser autónomo, pero conectado, y así muchas cosas más. En el segundo caso de trata de trabajar en equipo, de relacionarse con proveedores, colegas y clientes como una comunidad social, de aliados, que participa, colabora y co-construye juntos el mañana, de crear espacios de empatía emocional y social para crecer, de que el propósito de personas y empresas sea uno, entre otras más cosas. Esto sin mencionar que todos están pensando y haciendo lo mismo, lo cual dificulta la gestión de los nuevos espacios de relacionamiento entre personas en el marco de un desarrollo y crecimiento económico, personal, organizacional y empresarial. ¿Sabemos si tenemos las capacidades para gestionar las nuevas formas y modos de trabajo surgidos en el marco de la innovación?




domingo, 7 de abril de 2019

Porqué #SmartCity es un compromiso cívico mayor


¿Sabías que la palabra Smart es el acrónimo de “Self Monitoring Analysis and Reporting Technology” y que ? 

Bueno, digo ésto, me alejo de su origen, sic, y me voy a su uso más urbano, y qué significado tiene cuando la llevamos al espacio de ciudad o región donde las personas conviven, interaccionan y se relacionan.

Smart se usa como prefijo linguistico, un adjetivo comunicacional, y un concepto bastante "quemado" . 

La palabra Smart suele usarse para indicar de que algo es inteligente siempre que haya alguna TIC de por medio, pero es más adecuada cuando se debe pensar y actuar inteligentemente. 

La palabra Smart se usa abiertamente para hablar de "ciudades inteligentes", SmartCity, mezclando dentro de la idea varios ámbitos: tecnológico, económico, financiero, movilidad, etc. Pero, 
SmartCity NO es un tema digital, NI informático, NI tecnológico. 

Durante muchos años se ha asumido que una SmartCity es una ciudad con wifi en las plazas, a usar Apps, especialmente con datos abiertos. Pero la realidad ha mostrado que este tipo de actuaciones ni ha mejorado la calidad de vida ni ha hecho mejores ciudades. Es más, la propia tecnología ha generado guettos o desigualdades. 


Es más, luego de múltiples catástrofes como terremotos, tsunamis, deslaves, entre otros fenómenos, o desafíos económicos y sociales, como sobrepoblación, desigualdad social entre barrios, inmigración urbana, inseguridad urbana y desprotección policial, entre otros, las ciudades ya no buscan ser más tecnificadas, sino más seguras, resilientes y justas. 

Así, Smart City es vivir bien -NO hiperconectado-, es intentar una resiliencia por el buen vivir ante la demagogia y el monopolio de las TIC como único futuro posible (ver http://www.christianestay.com/search/label/SmartCity).

Por eso Smart City ahora significa ciudades pensadas y diseñadas de forma inteligente, con una inteligencia que se espera sea útil para vivir bien de aquí a 50 años o más. 

Esto significa repensar a las ciudades en su funcionamiento, pensando en los fallos de consumo, en la contaminación o en los imprevistos que puedan existir debido a la gestión de los servicios urbanos, la ordenación de las ciudades, o los espacios seguros.

Por esta razón, una SmartCity requiere compromiso cívico, lo cual significa un compromiso activo si la ciudad ha de ser inteligente.

Este compromiso requiere de los ciudadanos crear y participar más en el desarrollo de sus propias ciudades, y que los actores que gestionan la ciudad faciliten ese compromiso y adquieran el mismo compromiso como ciudadanos, no como una élite funcionarial.

Hablamos de un mejor control del gasto público, de un mayor rendimiento del transporte público, de crear nuevas ideas y aplicaciones para sus ciudades, y de facilitar y ordenar datos.

Se trata ahora de que los gestores de los espacios urbanos y territoriales sean proactivos en mejorar la calidad y seguridad de vida de las ciudades aprovechando las TIC y las tecnologías.

En fin, una SmartCity es un espacio de encuentro de diferentes realidades que requiere compromisos cívicos mayores.

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