lunes, 25 de marzo de 2013

#Teletrabajo y #presencialidad ... a seguir pensando en equilibrios más justos ...

A inicio de Marzo salió en la prensa, como una gran noticia, que la CEO de YAHOO, Marissa Mayer, "puso fin al teletrabajo". Dentro del sensacionalismo de la prensa y exponiendo un tema sensible a las nuevas formas y modos de trabajo, esto parecía ser una bomba.

Casi un mes después de esta noticia, poco se ha seguido hablando. Pero no excluye comentar ciertas cosas, algunas sobre los mitos y realidades del teletrabajo luego de varias décadas de su aparición, y sobre lo que significa el peso de la opinión de un gurú frente a la opinión de los profesionales directivos.

Acoto que igualmente habrá que esperar a Junio para ver que pasa, pues en ese mes la medida de Mayer se aplicaría.

Realidades

Si nos remontamos a la historia, el teletrabajo tiene muchos años de aplicación y de estudios sobre su utilidad, o no. Más la práctica que la teoría, han mostrado que el teletrabajo se da de muchas maneras, desde empresas que funcionan casi al 100% distribuidas geográficamente hasta otras que prefieren el pleno contacto físico-visual en las oficinas de una empresa lo cual hoy en día tampoco es cierto al 100% porque se hace mucho trabajo online mediante los teléfonos móviles.

Si es cierto que el teletrabajo se ha convertido en un estandarte de la flexibilidad laboral y un ícono de la libertad de trabajo tan requerido por personas de ambientes creativos, ejecutivos y profesionales de media-alta posición directiva o estratégicos, y para casos de contratación de asesores internacionales, profesionales free-lance, y mujeres y padres trabajadoras/res.

Si es cierto el teletrabajo está ligado a las posibilidades de rentabilidad económica. Por eso no veremos que se ofrezca teletrabajo a cualquiera. Casi no existe teletrabajo para personal operativo, personal con bajos niveles de formación, o simplemente personal para tareas cotidianas.

Si es cierto, tampoco el teletrabajo ha sido pleno. Diversos realidades muestran que la presencialidad en algún momento en necesario. Esto lo ratifica el hecho de que cada vez se requieren mejores sistemas informáticos que potencien más el cara-a-cara, y a pesar de estos avances, y si las distancias geográficas lo permiten, siempre se plantea un contacto cercano. No quiero decir que no existan casos de 100% de teletrabajo, pero las reuniones por chat con imagen, o el estar hiperconectado desde el móvil con el trabajo, NO es exactamente teletrabajo, es trabajo cara-a-cara verbal mediado por alguna TIC.

Mitos

El gran mito del teletrabajo es que se puede trabajar desde el hogar. Pero ¿a quién se le ocurre llevarse 100% trabajo a casa cuando se ha demostrado que finalmente se suele trabajar más horas laborales y además no consecutivas desde el hogar? O sea, se trabaja más. Y a menor posición directiva, hay más presión. Los trabajos operativos requieren jornadas más largas de concentración, y una persona en su hogar sentada 8 horas frente a un computador, porque lo obliga su actividad, suele estar sujeta a mucha presión dado que debe estar además atento a actividades de casa, salvo que se encuentre sólo o sóla. Sobre el estar aislado en su casa o despacho, se sabe, suele no ser bien visto. Pero si se está en el hogar, sabemos que siempre hay eventos no laborales que sacan de la rutina laboral que se exige indirectamente al teletrabajador/a. Pensemos igualmente que una persona con trabajo más bien rutinario, tendrá ingresos salariales que no permiten contratar personas que ayuden con la limpieza, por ejemplo, del hogar.

La publicidad más osada, muestra personas en idílicas playas sentadas frente a un ordenador y, en teoría, trabajando. Pero, ¿a quien le gustaría estar en hermosos sitios naturales con un ordenador? Y a menor posición directiva, ir a estos idílicos sitios es menos probable. Y a mayor posición directiva es sabido que el estrés no permite la hiperconexión como se pretende mostrar. Sabemos que el teletrabajo en espacios abiertos no es perfecto, aunque ideal para directivos, pero no para trabajadores/as medios. Estas situaciones son propicias para actividades cortas, como dar órdenes, o alguna parte de los procesos creativos.

El teletrabajo se ha planteado más como un opción para personas que pueden tener el nivel de concentración suficiente en su hogar para poder realizar labores que precisan cierta creatividad. Es decir, que se permitan sus realizar actividades en jornadas donde se puedan mezclar procesos creativos intensos de duración media, con intervalos naturales de descanso. De esto no se escribe mucho porque es delicado. Es decir, no se dice. Pero se nota que el o la teletrabajador/ora siempre debe reportar documentos o trabajos pase lo que pase en su hogar o donde se encuentre, lo cual denota coordinación con otras personas.

No es lo mismo una madre o padre que efectúa teletrabajo, y que cuenta con el permiso para atender asuntos familiares. Si o sí en estos casos, existen flexibilidades obvias, atadas incluso a que se calcula que no podrá trabajar al 100% y se plantean las llamadas rebajas salariales. Esto último depende también del nivel directivo, y por supuesto a las condiciones contractuales.

Gurues

Lo paradójico de la noticia con la cual parte este post, es que emana de una profesional.

Revisando las diversas notas de prensa aparecidas se constata que salen muchos datos.

  • La Oficina de Trabajo de EE.UU. reporta que el 25% de los trabajadores con un empleo a tiempo completo, realizó parte de su jornada laboral en casa en 2010. Ojo, se indica que se hace parte del trabajo, pero esto podría no ser teletrabajo real, sino incidencias. Una cosa es reemplazar el espacio del proceso de trabajo de la oficina por el del hogar, y otra es llevarse parte del trabajo porque hay cosas que hacer en casa o "no se puede hacer el trabajo en la oficina y mejor de casa".
  • La Confederación de la Industria Británica (CBI) ha revelado que el 59% de las pequeñas empresas británicas en 2011 ofrecieron esta posibilidad -un salto del 13% respecto al 2006- para ayudar a reducir los costes de oficina. Ojo, pero, cuidado, el coste de oficina se pasa ahora al hogar. Sabemos que una empresa por tener personas en sus oficinas gasta luz, papel, lápices, etc. Estos costes deberían pasarse al teletrabajador, es decir, siempre pagarle al menos la conexión a internet y algunos insumos mínimos de oficina. 
  • Microsoft encuestó a 1500 trabajadores de 15 países europeos y el 15% mostró confianza en la productividad del trabajo fuera de la oficina. La cultura occidental, siempre valorará ver a alguien sentado en un escritorio que no verlo. Es la desconfianza natural. Siempre gusta mostrarse ante el o la jefe/a y se prefiere pensar en el principio "donde mis ojos te vean". Por eso cuidado con los datos, aunque sean europeos. Pero igualmente puede ser cierto que estar en casa baja el background laboral por los niveles de concentración. Por ejemplo, no es lo mismo hacer teletrabajo cuando los hijos están en período de colegio que cuando están de vacaciones. En este último caso, se observa menor concentración, o se trabaja encerrado en el "despacho de papá o mamá",  o se mandan los hijos e hijas a colonias, excursiones, con amigos/as, con los abuelos/as, etc. 
  • Richard Branson (Empresas Virgin) comentó que la medida de Mayer pone en duda la calidad del trabajador. Eso es cierto. Un memorando diciendo que se vuelve al trabajo presencial para mejorar la velocidad y calidad del trabajo (lo que indica Marissa Mayer), suele ser destructivo para cualquiera pues da a entender que no se trabajo bien y además sin buenos resultados, pero esto lo podemos considerar un problema de haber tenido mejor asesoría comunicacional y mejor tino en la redacción del citado memorando. Branson tambien acota que con las nuevas tecnologías, el teletrabajo se facilita y es cierto, pero los mitos y realidades muestran muchas variaciones al respecto. Podemos añadir que la mejor videoconferencia es cuando vemos a la otra persona de cuerpo entero y vemos el contexto, pue así realmente vemos todo el lenguaje no verbal y corporal y además el espacio comunicacional que mediatiza una reunión presencial. Gracias a esto, una persona toma decisiones, pero con teletrabajo se pierde y estos encuentros no son perfectos. Hay que fijarse que muchos contactos de teletrabajo se dan en situaciones de compartir información, y de dar órdenes. Cuando se trata de temas más sensibles, especialmente los directivos, van a la reunión, la cena de trabajo, el partido de golf de fin de semana, etc.
  • Las mujeres son las grandes perjudicadas. Esto es cierto, especialmente en sistemas socio-laborales donde la mujer debe luchar más por equilibrar familia y trabajo y, por tanto, perder el teletrabajo es una pérdida laboral importante. Este problema de género además se aprecia notablemente en la publicidad del teletrabajo en sitios idícilos, pues siempre aparecen hombres, lo cual demuestra que el teletrabajo es para directivos, principalmente ocupado por hombres. O sea, la publicidad refleja los porcentajes de género empresariales, dejando además claro que el teletrabajo no es para mandos medios donde si aumenta la población femenina. 
  • Harris Interactive señala que en una encuesta a 3900 trabajadores, el 59% valora horarios flexibles, pero ojo, esto no es teletrabajo, y el 33% citó la posibilidad de trabajar desde casa. Esto es importante, pues se confunde flexibilidad con teletrabajo. Se relacionan, sí, pero no son lo mismo.  Un teletrabajo de horario flexible ha llevado a problemas de coordinación de reuniones y avances de trabajo pues suele trabajarse fuera del horario del resto de las personas que hacen un horario de oficina. Se reporta dificultad de hacer una jornada de 8 horas de oficina pero desde casa. Además, que luego incluso se altera la vida de hogar o las rutinas diarias de la casa. Luego un 33% cita el teletrabajo como posibilidad, pero ese porcentaje refleja (sin tener detalles) las proporciones de posiciones laborales intermedias (más de nivel medio y medio-operacional). Además estos últimos datos no indican el impacto económico en los beneficios de la empresa del 33% que muestra intención de trabajar desde casa (y no de sitios idílicos).
  • La medida de Marissa Mayer afecta a 200 de 13000 empleados. Pocos. Pero afecta también a aquellos con permiso para hacer trabajo de casa uno o dos días por semana. Sobre esto último no hay datos que digan cuantos usan estos días y cómo los reparten, pero situaciones similares se asocian a casos cuando  la intensidad del trabajo es menor y se puede compaginar trabajo con el día-a-día de casa, o se está en casa sólo o sola, y se puede estar más concentrado.

En realidad, hay muchos datos, pero no se observan grandes conclusiones, y menos contrastaciones ligadas al rendimiento y beneficios luego de tantas décadas de existencia del teletrabajo.

En las mismas notas de prensa se citan algunas cosas curiosas.

  • En Silicon Valley el teletrabajo es poco frecuente. El motivo es frecuente, las personas pueden coincidir presencialmente y comentar cosas, aunque sea relajarse contando chistes del trabajo, y hay muchos trabajos especializados que no precisan tanto contacto o son informaciones más técnicas. 
  • Se recurren a mercados online de freelancers, pero los freelance siempre son outsiders y pueden trabajar desde donde ellos deseen bajo condiciones laborales especiales o de consultorías. 
  • En países en vías en desarrollo el teletrabajo tiene aceptación mayor, porque claro, las empresas han visto la utilidad de bajar costes y los trabajadores pueden hacer otros trabajos desde casa para aumentar sus ingresos (no quiero decir que lo hagan siempre ni lo hagan todos o todas, ni sea parte de una cultura laboral concreta, pero incluso ya se da en países en desarrollo ante la crisis).
  • Con Mayer ya se han despedido en Yahoo 2000 empleados/as. O sea, cuidado, informar de eliminar del teletrabajo es parte de un proceso de cambio que a lo mejor es para provocar reacciones.
  • Mayer destaca que busca velocidad y calidad. Ojo con esto, pues velocidad va ligado a que con teletrabajo cuesta lo mismo concentrar una reunión como cualquier otra cuando se deben fijar horarios. Pero cuando hay presencialidad, muchas cosas se discuten o hablan cuando las personas se encuentra tomando un cafe, en un pasillo, y en los ascensores. O simplemente, alguien pasa por un despacho, y le dice a otro "recuerda el tema que hablamos ayer" lo cual por teléfono o por chat se puede hacer, pero falta el lenguaje verbal y corporal. Y, es cierto, que esta velocidad ayuda a la calidad decisional por su prontitud, oportunidad y cantidad de información que se utiliza (destacando la no-verbal , la corporal, la del espacio de las relaciones laborales que se observan -quien habla con quien-, etc.)
Lo interesante del teletrabajo es que se hacen muchas encuestas, se ha escrito mucho, pero de pronto aparece una profesional que ha vivido el teletrabajo como empleada y como directiva, rompe mitos, se aferra a realidades, toma una decisión, y surge mucha emotividad. Si se aprecia la literatura, de teletrabajo escriben muchas personas pero no ha logrado constrastar nada y de hecho, las notas de prensa reflejan esa emocionalidad.  


Al final

Comparto el hecho, ya no la idea, de que el teletrabajo deber seguir siendo una opción en manos de los planificadores organizacionales, de que el teletrabajo se limita a ciertas actividades y niveles decisionales, de que el teletrabajo debe compensarse pagando al trabajador o trabajadora los recursos asociados al trabajo en que incurrirá desde el hogar, de que el teletrabajo se piensa para estar en casa y NO desde una playa, de que el teletrabajo requiere confianza y auto-organización, de que el teletrabajo no evitará pensar en "estará trabajando en casa?", de que sobre el teletrabajo deben realizarse más estudios, de que el teletrabjo seguirá siendo opción para hacer trabajo atrasado a deshora laboral desde casa, y de que hay que respetar al trabajador o trabajadora que prefiere hacer la jornada laboral en un despacho para luego NO llevarse trabajo a su hogar.

Ya veremos si el teletrabajo involucrará o requerirá una rescisión entre empresa y trabajadores/ras, pero al menos hay que dejar la puerta abierta a un debate más profundo y menos emotivo.


  



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