lunes, 27 de julio de 2026

“Más que nunca, pensar”: 7 ideas de Muniz Sodré para #innovar cuando la #IA calcula, pero no comprende

“Más que nunca, pensar”: 7 ideas de Muniz Sodré para #innovar cuando la #IA calcula, pero no comprende

La inteligencia artificial puede combinar datos, producir respuestas y resolver problemas. Sin embargo, innovar exige algo más difícil de automatizar: interpretar el mundo, construir criterio y decidir qué merece ser transformado. Y con esta idea, comencemos.

El artículo (ver más abajo el documento), titulado “Mais que nunca, pensar” - “Más que nunca, pensar” -, plantea una defensa del pensamiento humano frente a la expansión de la inteligencia artificial. Su autor, Muniz Sodré, no rechaza la IA ni la programación; más bien discute la idea de que el funcionamiento de una máquina pueda equipararse al acto humano de pensar.

La tesis central. La idea principal aparece ya en el subtítulo: La razón que hace funcionar la inteligencia artificial no es la misma que la del pensamiento esencial, vinculado al misterio del mundo.

Para Sodré, la IA funciona mediante una razón lógica, combinatoria y calculadora. Procesa datos, reconoce patrones, sigue secuencias y produce respuestas. Puede resolver problemas con enorme rapidez, pero eso no significa que comprenda el mundo, que le atribuya sentido o que experimente su complejidad.

El pensamiento humano, en cambio, no se reduce a calcular. Incluye imaginación, sensibilidad, cultura, intuición, creación, experiencia y capacidad de preguntarse por aquello que todavía no tiene una respuesta clara.

1. La tecnología hace que la filosofía y las humanidades vuelvan a ser necesarias.

El artículo comienza mencionando una aparente paradoja. Hace algunos años se recomendaba que los estudiantes de filosofía y ciencias sociales aprendieran programación para mejorar su empleabilidad. Ahora, según el autor, las propias empresas de IA buscan personas formadas en filosofía, cultura y humanidades.

La razón es que programar sigue siendo importante, pero las máquinas ya realizan una parte creciente de las operaciones que antes pertenecían exclusivamente al programador. Lo que continúa siendo difícil de automatizar es la capacidad de:
  • formular preguntas relevantes;
  • interpretar situaciones;
  • comprender contextos culturales;
  • reconocer ambigüedades;
  • elaborar criterios; y,
  • construir sentido.
El mensaje es interesante: la tecnología no elimina la necesidad de las humanidades; puede volverlas todavía más necesarias.

2. La IA opera dentro de la lógica, pero pensar exige comprender el mundo.

Uno de los pasajes fundamentales sostiene: Las máquinas hacen todo dentro de la lógica de los números; simplemente no piensan.

Aquí “no pensar” no significa que sean inútiles o poco sofisticadas. Significa que sus operaciones se realizan dentro de estructuras previamente definidas: algoritmos, datos, reglas, probabilidades y modelos matemáticos.

La máquina puede encontrar una ruta para llegar a una solución. Sin embargo, no se pregunta por qué esa solución importa, qué consecuencias humanas produce o si la pregunta inicial estaba bien formulada.

Por eso el Muniz Sodré distingue entre:
  • funcionamiento inteligente, entendido como capacidad de procesar y resolver; de,
  • pensamiento, entendido como capacidad de interpretar, imaginar, crear y otorgar sentido.
La IA puede producir una respuesta convincente, pero no implica que sepa qué significa realmente lo que está diciendo.

3. La realidad desborda la lógica y mantiene abierto el misterio.

El artículo afirma que la existencia humana y el mundo desbordan la lógica. La realidad se transforma constantemente y contiene contradicciones, incertidumbres, afectos y acontecimientos que no siempre pueden reducirse a una secuencia racional.

La frase destacada en el periódico resume esta idea: La existencia sobrepasa la lógica, impotente ante la transformación incesante del mundo, donde solo se muestran la existencia y la realidad.

El Muniz Sodré no está diciendo que la lógica carezca de valor. La lógica es imprescindible para la ciencia, la matemática y la tecnología. Lo que sostiene es que la IA no agota la realidad.

Hay dimensiones de la vida -el amor, el dolor, la belleza, el miedo, la creación, la fe, la identidad o la muerte- que pueden estudiarse racionalmente, pero cuyo significado no se comprende únicamente mediante cálculos.

La palabra “misterio” es central en el texto y puede generar confusión. Sodré aclara que no habla de ocultismo ni de explicaciones sobrenaturales. Utiliza “misterio” para referirse a aquello que se oculta, aparece y vuelve a ocultarse en el movimiento de la realidad. El misterio es aquello que:
  • todavía no comprendemos completamente;
  • no puede cerrarse con una sola explicación;
  • activa la curiosidad;
  • impulsa la imaginación; y,
  • genera arte, ciencia y cultura.
Por eso cita una idea de Jorge Luis Borges, según la cual la solución de un misterio siempre es inferior al propio misterio. Una respuesta resuelve un problema particular, mientras que el misterio abre nuevas posibilidades de interpretación.

En este sentido, el pensamiento humano no consiste solamente en encontrar respuestas, consiste en mantener abiertas algunas preguntas.

4. Innovar no es combinar datos, sino crear nuevas relaciones con la realidad.

Sodré describe los algoritmos como secuencias lógicas de caminos destinadas a ofrecer soluciones rápidas a problemas determinados. Funcionan de manera combinatoria: reorganizan conocimientos, patrones o informaciones previamente disponibles.

Esta es una observación muy actual sobre la IA generativa. Un modelo puede elaborar una respuesta nueva en su forma, pero trabaja a partir de relaciones aprendidas en enormes cantidades de información previa.

Muniz Sodré considera que la capacidad humana va más allá de esa combinatoria. Los seres humanos pueden:
  • modificar la pregunta mientras la investigan;
  • crear marcos conceptuales nuevos;
  • actuar desde experiencias personales;
  • introducir rupturas que no estaban previstas; y,
  • producir significados que transforman la realidad.
La diferencia entre capacidad humana e IA no está solamente en cuántos datos se procesan, sino en la relación que se establece con el mundo.

5. La música y la matemática muestran que crear es más que calcular.

El texto ofrece dos ejemplos para mostrar que la racionalidad puede trascender el simple cálculo.

La música. La música combina estructuras, ritmos, proporciones y repeticiones, pero no es una mera organización matemática de sonidos. Para el autor, engendra su propio universo y necesita sentido humano.
  • Una máquina puede componer una melodía estadísticamente plausible. Pero la pregunta es si vive la experiencia, la memoria, la intención o la necesidad expresiva que dieron origen a esa creación.

La matemática. La matemática posee coherencia y rigor, pero también puede acercarse a la imaginación y a la construcción de mundos conceptuales. El autor cita la conocida expresión atribuida a Galileo: “El libro de la naturaleza está escrito en lenguaje matemático”. Sin embargo, la matemática no se limita a medir una realidad ya existente. También inventa estructuras, relaciones y universos abstractos que después pueden permitirnos comprender aspectos del mundo antes invisibles.
  • Por eso menciona al matemático Srinivasa Ramanujan, quien atribuía algunas de sus ecuaciones a revelaciones recibidas en sueños. El ejemplo no se presenta como prueba científica de una intervención divina, sino como muestra de que incluso el pensamiento matemático puede contener intuición, imaginación y experiencias difíciles de reducir a un procedimiento lógico explícito.

6. Confundir productividad con pensamiento empobrece la innovación.

Uno de los argumentos más potentes aparece hacia el final. Muniz Sodré sostiene que la programación neoliberal ha reducido la complejidad de la vida a eficacia productiva y consumo.

Aquí “programación” se emplea en un sentido más amplio: no solo como programación informática, sino como una manera social de organizar nuestra mente y nuestra conducta.

La crítica es que podemos terminar evaluando todo según criterios como:
  • rapidez;
  • productividad;
  • rentabilidad;
  • eficiencia;
  • capacidad de consumo; y,
  • resultado inmediato.
Cuando ese enfoque domina, incluso la educación y la universidad pueden ser valoradas únicamente por su capacidad de producir trabajadores, patentes, indicadores o ganancias.

Sodré advierte que la reducción del pensamiento a una sensación de productividad es una  reducción empobrece el mundo. No todo lo valioso es inmediatamente útil, medible o rentable.

7. La soberanía tecnológica comienza en el pensamiento propio.

La conclusión tiene una implicación estratégica muy importante: La soberanía tecnológica de una nación depende hoy de la IA, pero no resulta de la importación de modelos lógicos avanzados, sino del pensamiento propio y de universidades que respiren como territorios libres.

Para el autor, un país no alcanza soberanía tecnológica solamente comprando plataformas, licencias, modelos de IA o infraestructura extranjera.

La soberanía exige capacidad propia para:
  • formular problemas;
  • producir conocimiento;
  • desarrollar criterios;
  • interpretar la realidad local;
  • cuestionar los modelos importados; y,
  • crear soluciones desde la cultura y las necesidades del país.
Una nación tecnológicamente dependiente puede utilizar sistemas muy avanzados, pero seguir dependiendo intelectualmente de las preguntas, categorías y modelos creados por otros.

Esto amplía el debate. El problema no es únicamente si la IA reemplazará determinadas profesiones. El riesgo más profundo sería que las personas renunciaran voluntariamente a:
  • juzgar;
  • dudar;
  • interpretar;
  • imaginar;
  • decidir; y,
  • asumir responsabilidad.
La amenaza no será que la máquina comenzara mágicamente a pensar como una persona, sino que las personas comenzaran a comportarse como máquinas, repitiendo respuestas, metodologías, indicadores y discursos sin examinarlos.

En síntesis.

El artículo no puede condensarse, sería una falta de respeto. Pero si podemos dar algunas ideas finales.

La inteligencia artificial amplía nuestra capacidad de calcular y combinar conocimiento, pero la Inteligencia Artificial no sustituye la experiencia humana de comprender, imaginar y otorgar sentido. Cuanto más poderosas sean las máquinas, mayor será la necesidad de pensamiento propio, cultura, filosofía y universidades libres.

No es un texto contra la IA. Es una advertencia contra la abdicación intelectual: utilizar la tecnología sin conservar criterio, autonomía y capacidad de interrogación.

La ventaja futura no pertenecerá únicamente a quienes posean mejores algoritmos, sino a quienes sepan formular preguntas que los algoritmos todavía no pueden concebir, interpretar sus respuestas y decidir qué mundo merece ser construido.





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